Relato ganador del concurso de relatos de terror (alumna de 1º Bachillerato C)

TRUCO O TRATO


“Siempre me han gustado las películas de terror. Me asustaban, claro está, pero era un miedo que disfruto, que me da adrenalina. Sin embargo, últimamente, no me causaban lo mismo. Ya nada me aterrorizaba tanto como antes, por más que probara distintos géneros. Se acercaba Halloween, mi época favorita del año, aquella en la que me tomaba un chocolate caliente mientras veía pelis sin parar y esperaba a que niños llamaran a la puerta para asustarlos en vez de darles caramelos. Pero esa vez fue diferente. No iba a poder disfrutarlo tanto como otras veces…

Hasta que encontré aquella página. Fue la salvación de mi adrenalina. Asesinatos grabados en primera persona, mientras las víctimas hacían su vida sin saber cómo morirían. Con la sangre falsa más real que he visto, los gritos más aterradores y desesperantes que mis oídos pudieran haber escuchado nunca. Me mantenía despierto día y noche esperando al próximo capítulo, ya que el morbo de que pareciera real atraía bastante.

 Y, por fin, lo anunciaron. Lo que llevaba esperando todo el mes: “¡Especial Halloween! Estaremos en emisión toda la noche, ¡no se lo pierdan!”. Algo que podría salvar la noche.

Así que me preparé, y el 31 por la mañana compré todos mis antojos y caprichos que harían que la experiencia fuera aún más inolvidable. No por nada mi casa es nombrada como la más terrorífica de la ciudad…

 Cayó la noche, y al programa le quedaba poco para comenzar. Me entretuve demasiado viéndolo. Con disfraces de payasos, perseguían a las personas hacia sus casas, llamaban a la puerta para pedir truco o trato… y las mataban. Las calles y las casas eran inquietantemente parecidas a las de mi barrio, lo cual hacía que me pareciera aún más interesantes. Me estremecí al escuchar el timbre del programa justo al mismo tiempo que el de mi casa, pero al ver que era un niño disfrazado, le grité que se marchara, que no quería perderme mi maravillosa serie. El niño comenzó a gritarme.

No me importaba. Me marché de nuevo al salón, dejando la puerta abierta para que se quedara hablando solo. Sabía que no se atrevería a entrar.

Pero cuando volví, la pantalla del televisor estaba en negro, y en el centro, estaba escrito: “¿Truco o trato?”. Me extrañé al principio, pero en realidad sólo sentía decepción de que haya fallado la emisión. Me hizo sentir frustrado.

Entonces, escuché unos pasos. Miré a mi derecha y era aquel niño, sonriendo de forma tétrica y sosteniendo un cuchillo en su mano. “¿A ti qué te pasa? Te daré chucherías, pero déjame ver mi serie en paz, joder”, le dije.

Y, cuando volví a mirar al televisor, me paralicé al verme a mí en la pantalla”.

-Escuchó Sandra entre susurros, provenientes de la vieja televisión de su desaparecido hermano.


María del Carmen Prieto Martínez


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